Las tarifas de tributación alemanas son internacionalmente competitivas. En los últimos años se ha reformado el sistema tributario y los tipos de impuestos sobre la renta se han reducido en tres pasos. El tipo de impuesto sobre la renta personal disminuyó desde finales de los 90 desde un valor superior al 50 por ciento a un valor entretanto del 42 por ciento. También disminuyó notablemente el impuesto sobre sociedades imponible para las sociedades de capital, actualmente se eleva al 25 por ciento. El derecho tributario seguirá simplificándose y las tarifas, especialmente en el sector de los impuestos empresariales, seguirán disminuyendo. Según las estadísticas comparativas, Alemania se sitúa actualmente por encima del nivel medio internacional en cuanto a las tasas de impuestos nominales para las empresas. Entre los inversores internacionales es bien sabido que la magnitud real de las tasas de impuestos en Alemania es claramente más baja. La razón es que las empresas pueden hacer uso de diferentes disposiciones de excepción y de amortización.
Los impuestos más importantes para los inversores
El sistema tributario alemán está equilibrado. Los más importantes son el impuesto sobre la renta que se recauda en base a los ingresos personales de cada ciudadano, y el impuesto empresarial que se deriva de las ganancias de las empresas industriales. Además, existen otros impuestos relevantes como los impuestos al consumo, p. ej., el impuesto sobre hidrocarburos o el impuesto sobre el tabaco, así como el impuesto sobre el valor añadido o el impuesto sobre la adquisición de bienes inmuebles.
El impuesto sobre la renta
¿Quién está obligado a tributar?
Todo ciudadano que tenga su domicilio principal en Alemania o que viva predominantemente en Alemania está sujeto al impuesto sobre la renta. Se entenderá que una persona tiene su lugar de residencia principal en Alemania cuando permanezca más de seis meses al año en el territorio alemán. En este caso, existe una obligación tributaria ilimitada para todos los ingresos obtenidos mundialmente, ya se trate de salarios, intereses o reparto de beneficios. Los ciudadanos que viven totalmente o parcialmente en el extranjero tendrán una obligación tributaria limitada. En este caso, se deben tributar sólamente sus ganancias y beneficios de capital nacionales.
¿Qué ingresos están sujetos a tributación?
Estarán sujetos a tributación básicamente todos los ingresos procedentes de
- un trabajo asalariado (dependiente),
- una actividad no asalariada,
- actividades comerciales,
- bienes patrimoniales,
- alquiler y arrendamiento,
- ingresos procedentes de una actividad agrícola y forestal
- y otras ganancias (p. ej., beneficios de carácter especulativo).
Los beneficios de sociedades personalistas sin obligación tributaria propia están sujetos al impuesto sobre la renta como ganancias de los socios según el tipo de impuesto sobre la renta vigente para los socios correspondientes. La suma de todas las ganancias menos las diferentes deducciones individuales, como por ejemplo para los gastos de la previsión privada para la vejez, da como resultado los ingresos a tributar.
La tributación empresarial
En general, en Alemania se recaudan impuestos de las empresas en dos niveles. Las sociedades de capital como la sociedad anónima y la sociedad de responsabilidad limitada (GmbH) están sujetas al impuesto sobre sociedades que recauda la administración federal. Además, las ciudades y comunidades recaudan un impuesto municipal: el impuesto sobre actividades económicas.
El impuesto sobre sociedades
El tipo de impuesto sobre sociedades para los beneficios retenidos (acumulados) y para los beneficios distribuidos de una empresa tiene un valor uniforme del 25 por ciento. Si se distribuyen los beneficios entre los titulares de las acciones, estos beneficios estarán sujetos de nuevo a tributación para los titulares de las acciones a través del impuesto sobre la renta. Con el fin de disminuir este doble gravamen, surte efecto el llamado "método de imposición del 50%". Según este procedimiento, sólo el 50 por ciento de los dividendos y los repartos de beneficios están sujetos a la doble tributación con respecto a los titulares de las acciones. Únicamente este 50 por ciento estará sujeto al impuesto sobre la renta en virtud del reparto entre los titulares de las acciones, la otra mitad queda libre de impuestos.
Ejemplo: En el caso de un reparto de beneficios en base a una cantidad de 100.000 euros, el impuesto sobre sociedades asciende al 25 por ciento = 25.000 euros. De los 75.000 euros restantes, la empresa paga además a hacienda un impuesto sobre la renta del capital del 20 por ciento - es decir, otros 15.000 euros - antes del reparto entre los titulares de las acciones. Este impuesto sobre la renta del capital se carga a su impuesto sobre la renta tras el reparto entre los titulares de las acciones como un pago anticipado de impuestos y se vuelve a calcular de forma correspondiente al computar su impuesto sobre la renta.
Los 75.000 euros tasables tras el reparto, sólo el 50 por ciento = 37.500 euros están sujetos al impuesto sobre la renta, y los 37.500 euros restantes quedan libres de impuestos. En el caso de un tipo de impuesto sobre la renta aceptado del 35 por ciento resultaría por lo tanto un impuesto sobre la renta de 13.125 euros sobre la mitad tributable. Éste se saldará con el impuesto sobre la renta del capital deducido antes del reparto de 15.000, de manera que resultaría un derecho a devolución de impuestos de 1.875 euros frente a la oficina tributaria a favor de los titulares de las acciones. El titular de las acciones recibe al final por lo tanto una cantidad de 61.875 euros en función de las retenciones tributarias.
El impuesto sobre actividades económicas
Toda actividad comercial producida dentro de Alemania está sujeta al impuesto sobre actividades económicas. Se entiende como actividad comercial básicamente todas aquellas actividades no asalariadas con las que se obtienen beneficios sostenibles, especialmente también las sociedades de capital. Se exceptúan los autónomos de las llamadas profesiones libres, como los médicos, arquitectos, abogados o artistas. Estas profesiones están exentas del impuesto sobre actividades económicas. Para las personas naturales comerciantes y para las sociedades personalistas existe una exención tributaria hasta 24.500 euros en el caso del impuesto sobre actividades económicas. El tipo de impuesto sobre actividades económicas aumenta gradualmente para los beneficios que superan esa suma de un uno hasta un máximo del cinco por ciento. Las sociedades capitalistas están sujetas continuamente a un tipo de impuesto sobre actividades económicas del cinco por ciento, pero no existe una reducción tributaria. La base de cálculo para la tributación es el beneficio industrial que se determina partiendo del beneficio de la actividad dentro de un procedimiento de evaluación regulado legalmente.
La cantidad concreta del impuesto sobre actividades económicas depende, sin embargo, de forma determinante de cada municipio en el que esté establecida la actividad comercial. Cada municipio debe establecer un tipo de gravamen municipal con el que se multiplique el coeficiente impositivo determinado según el tipo de impuesto legal. El tipo de gravamen asciende por ley como mínimo al 200 por ciento, e incluso puede estar en el 400 por ciento especialmente en las zonas urbanas.
Ejemplo: Para una sociedad capitalista con una carga tributaria sobre actividades económicas del 5 por ciento, el coeficiente impositivo asciende a 5.000 € en el caso de un beneficio anual de 100.000 €. Este coeficiente impositivo se multiplica a partir de ese momento con el tipo de gravamen municipal. Si éste asciende por ejemplo al 300 por ciento, resultaría una carga tributaria sobre actividades económicas de la sociedad de capital de 15.000 €. Casi la mitad del impuesto sobre actividades económicas puede compensarse con la deuda personal de impuesto sobre la renta. El propio impuesto se valorará además como gastos de explotación y se considerará con ello como disminución del beneficio y reducción fiscal.
El impuesto sobre bienes inmuebles
Las personas que poseen un terreno en Alemania, deben pagar el impuesto sobre bienes inmuebles. La cantidad se orienta en función del valor del terreno y de los edificios allí levantados. Sin embargo, para la evaluación, por regla general, no se toma el valor de mercado actual, sino casi siempre un importe mucho más bajo. El coeficiente impositivo es de entre el 0,26 y 0,60 por ciento del valor inmobiliario en función del tipo de inmueble. El importe exacto del impuesto sobre bienes inmuebles será establecido como en el caso del impuesto sobre actividades económicas por parte de los municipios a través del tipo de gravamen y asciende habitualmente a una cantidad de entre un uno y un dos por ciento del valor inmobiliario fijado al año. El cobro tributario tiene lugar cada tres meses, aunque el propietario puede también solicitar un pago global para el 1 de julio. Las empresas también pueden desgravar este gasto del impuesto.
El impuesto sobre la adquisición de bienes inmuebles
Si un inmueble se vende o cambia de propietario, se impondrá un impuesto sobre la adquisición de bienes inmuebles del 3,5 por ciento del precio de compra a partir de una contraprestación superior a 2.500 euros; éste será abonado por el comprador por norma general.
El impuesto sobre el valor añadido
El impuesto sobre el valor añadido no afecta a las empresas, ya que sólo es abonado por el usuario final de un producto o de una prestación. El tipo de impuesto sobre el valor añadido vigente y general es del 19 por ciento desde principios del año 2007 se sitúa por debajo de la media europea. Para algunos grupos de negocios como bienes y las prestaciones de servicios de demanda diaria, como los productos alimenticios, periódicos o transporte público de personas, se recaudará un tipo impositivo reducido del siete por ciento. Otras prestaciones como los servicios bancarios, actividades profesionales sanitarias o trabajos de interés público están totalmente exentas del impuesto sobre el valor añadido. Este impuesto se llamó originariamente impuesto sobre el valor agregado, y en la vida diaria se sigue designando a menudo así. Las empresas deben añadir el impuesto sobre el volumen de ventas a sus precios. Supongamos que el precio de venta neto de un vehículo es de 15.000 euros. En ese caso, el concesionario debe exigirle al comprador un 19 por ciento adicional y, con ello, 2.850 euros más. El cliente paga así por el vehículo un importe bruto de 17.850 euros. El concesionario le pagará a la oficina tributaria el impuesto sobre el volumen de ventas recaudado. Por regla general, esto se produce mensual, trimestral o anualmente. El periodo dependerá de la magnitud del volumen de ventas de la actividad.
Las propias empresas pagan igualmente el impuesto sobre el volumen de ventas al adquirir mercancías o prestaciones. Los ingresos y los gastos tributarios pueden compensarse unos con otros en la declaración del impuesto sobre el volumen de ventas. Ejemplo: El concesionario ha vendido en un mes diez vehículos a un precio de venta bruto de 17.850 euros respectivamente. En cada venta, el concesionario cobró 2.850 euros de impuesto sobre el volumen de ventas. Por esta razón, a final de mes le debe a la oficina tributaria una cantidad de 28.500 euros. En el mismo periodo de tiempo, el propietario de una tienda de coches también ha vendido diez vehículos. Cada coche le costó 10.000 euros neto. A este importe, el fabricante añadió un 19 por ciento del impuesto sobre el volumen de ventas. El comerciante le transfirió al fabricante entonces 119.000 euros. Debido a muchas otras facturas, desde el alquiler del local de venta hasta el material de oficina o el nuevo ordenador, el comerciante paga otra vez en conjunto 3.000 euros de impuestos sobre el valor añadido al propietario de la casa y a los proveedores correspondientes. A final de mes, el empresario ha recaudado 28.500 euros de impuestos sobre el volumen de ventas y ha pagado él mismo 22.000 euros de impuestos sobre el volumen de ventas referentes a la explotación. Las sumas se comunican a la oficina tributaria. Sólo debe pagarse la diferencia de 6.500 euros. En la práctica, las empresas también pagan ocasionalmente más impuestos sobre el volumen de ventas que los que han recaudado. Éste es a menudo el caso, por ejemplo, de la fase inicial cuando se efectúan muchos gastos pero se obtienen ingresos bajos. En estos casos, la oficina tributaria devuelve rápidamente los impuestos pagados de más.
Para las pequeñas y medianas empresas existe una regulación importante, el llamado impuesto estimado. Esto significa que el impuesto sobre el valor añadido se hará efectivo cuando una prestación se presente en la factura y no cuando ésta sea pagada. Con el fin de que las empresas no caigan por ello en problemas de liquidez, el legislador ha promulgado una disposición de excepción. Hasta un volumen de ventas de 250.000 euros, la empresa puede solicitar que se compute el impuesto sobre el valor añadido en función del impuesto estimado y no en función del impuesto al ingreso. En este caso, las empresas pequeñas deben remitir el impuesto sobre el valor añadido a la oficina tributaria una vez que se hayan ingresado verdaderamente los importes. En los nuevos Estados Federados, el límite sobre el volumen de ventas para el impuesto al ingreso se sitúa en 500.000 euros hasta el 2009.